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La tecnología, llevada a los extremos polares

Desafío

Recopilar datos científicos vitales de manera confiable sobre el hielo marino, la biología marina y la atmósfera polar, en uno de los entornos de trabajo más implacables del mundo. 

Solución

Recopilar los datos mediante el uso de un ordenador portátil Algiz XRW ultra robusto, de Handheld.

Resultados

El Algiz XRW tuvo un desempeño impecable en temperaturas heladas, lo que le permitió a la expedición recoger datos sin error alguno y en forma diaria durante tres semanas en el medio ambiente del Ártico.

 

Los científicos franceses que participaron de la Expedición al Polo Norte 2012 pusieron el equipo a prueba en las más severas condiciones climáticas.

La mayoría de los humanos -y de los ordenadores- no están preparados para operar en el clima del Ártico, aunque existen notables excepciones. Cuando los renombrados investigadores Alan Le Tressoler y Julien Cabon planearon la Expedición al Polo Norte 2012 de científicos franceses, se prepararon de manera rigurosa para soportar el clima severo y el agreste paisaje del Ártico. Pero también necesitaron equipos que pudieran realizar la tarea. Mediante el uso del ordenador portátil ultra robusto Algiz XRW de Handheld, estos investigadores pudieron recolectar exitosamente nueva información crucial para el conocimiento científico del Océano Ártico y del planeta Tierra.

La tierra del hielo y de la nieve

La comunidad científica conoce relativamente poco acerca del Polo Norte geográfico, el verdadero extremo norte del eje de rotación de la Tierra. Está ubicado en el medio del Océano Ártico, sobre hielos marinos que se desplazan continuamente con el viento y las corrientes. El hielo marino es un tema frecuente de investigaciones científicas relacionadas con su masa decreciente, su movimiento y la vida que allí existe. Pero estudiarlo significa un emprendimiento de gran envergadura.

“Los satélites no llegan a alcanzar exactamente la zona que se encuentra por encima del Polo Norte geográfico", dice Le Tressoler. “Hay un ‘punto negro’ de datos faltantes a su alrededor. Por lo tanto, la única manera de recopilar datos y obtener muestras es con la presencia humana”.

La Asociación del Polo Norte 2012 sostiene que el Océano Ártico es “un elemento esencial para el equilibrio del planeta”. Se cree que una base más sólida de conocimientos acerca del Ártico, que incluya datos relacionados con el hielo marino, la biología marina y la atmósfera polar, podría ayudar a los científicos a establecer una imagen más completa y precisa del mundo en el que vivimos.

“Si bien esta es una expedición de científicos franceses, el interés en ella traspasa las fronteras. Los datos recopilados contribuirán a entender mejor el océano y los principales desafíos futuros”, dice la asociación.

La adecuada tecnología para la expedición

Le Tressoler y Cabon tenían dos objetivos principales cuando decidieron embarcarse en esta misión: la recopilación de datos científicos en el Polo Norte geográfico, y la difusión de la misión. Los científicos planearon volver a establecer el campamento en el Polo día tras día mediante el uso de un GPS, tomar medidas y recoger muestras en el sitio, y compartir su aventura en Internet.

Esta sería la primera misión de este tipo, y no sería un emprendimiento sencillo. Según la severidad de la deriva del hielo, volver a establecer el campamento podía significar hasta 25 kilómetros (15,5 millas) por día de trayecto a pie, sobre hielo en constante movimiento, todo esto empujando trineos de 150 kilos (331 libras) colmados de equipos.

“Es un lugar extremadamente difícil de acceder y de sobrevivir. El hielo marino no es plano, y hay una gran cantidad de tramos de agua que se deben cruzar, ya sea con trineos (denominados “pulkas”) o bien nadando. También se pueden encontrar crestas de presión, formadas por bloques de hielo marino que hacen presión unos contra otros, formando crestas de más de 10 metros (33 pies) de alto", dice Le Tressoler.

Además de poder hacer frente a sus propios desafíos físicos, los científicos requerían una tecnología que cumpliera con pautas extremadamente rigurosas a fin de garantizar el éxito de la misión. “Necesitábamos un ordenador robusto que fuera capaz de soportar las caídas, el clima helado y la nieve, y que permitiera la lectura aún en el sol; además, que no fuera demasiado pesado, que tuviera conexiones compatibles con los instrumentos científicos y baterías potentes, ya que no las podíamos recargar", explica Le Tressoler.

Teniendo en cuenta estas especificaciones, la expedición Polo Norte 2012 eligió el Algiz XRW de Handheld como la mejor herramienta para la misión. El Algiz XRW es un ordenador portátil ultra robusto que puede soportar temperaturas de hasta -40 °C (-40 °F). Cumple con los estándares militares en cuanto a robustez, lo que significa que es a prueba de polvo, altamente resistente al agua y puede soportar caídas. Las baterías funcionan durante ocho horas con una sola carga, y la pantalla táctil de 10.1 pulgadas brinda nitidez y brillo extraordinarios tanto en lugares cerrados como abiertos, ideal para utilizarlo en el Ártico donde permanentemente es de día. También cuenta con una gran variedad de funciones móviles y opciones de conectividad, y pesa sólo 1,5 kilogramo (3,3 libras).

Una solución robusta para un clima extremo

Durante tres semanas, los científicos vivieron en el Polo Norte sin ningún soporte ni ayuda. Midieron la deriva, el grosor y la densidad del hielo, evaluaron la atmósfera ártica y recogieron muestras de plancton y agua salada.

“Pasábamos muchas horas por día recopilando datos”, dice Le Tressoler. “La información relativa al clima se recopilaba mediante una estación meteorológica. En ocasiones, según las condiciones climáticas, resultó difícil conseguir muestras de nieve y hielo marino para estudios de microbiología, mercurio y radioactividad. Debíamos quitarnos la protección de la cabeza y los guantes y ponernos máscaras especiales y guantes de plástico para no contaminar las muestras. Limpio, sin duda, pero para nada abrigado”.

Para recoger muestras de plancton, Le Tressoler y Cabon debían utilizar taladros y sierras manuales para abrir hoyos de gran tamaño a través del hielo. “En algunos sectores, el hielo marino tiene un grosor de 1,5 metros (5 pies). Se debe cortar el hielo en varios trozos, ya que si son muy grandes resultan demasiado pesados para quitarlos. En ocasiones, ese trabajo podía llevar hasta un día entero. Si posteriormente se desea utilizar el mismo hoyo, se debe volver a abrirlo con la sierra para hielo cada 12 horas”, dice Le Tressoler.

Usaron esta ventana para medir las propiedades del agua, como la temperatura, la salinidad y la densidad, y para arrojar redes y recipientes de muestras a tres profundidades distintas, la mayor a 130 metros (427 pies).

“Una y otra vez debíamos recoger el equipo manualmente, y nos mojábamos los pantalones y los guantes, que se congelaban”, cuenta Le Tressoler.

Si bien los factores medioambientales fueron un desafío para el equipo durante toda la expedición, no ocurrió lo mismo con el Algiz XRW. “Nunca me hubiera imaginado que un ordenador podría funcionar tan bien en condiciones tan severas”, confiesa Le Tressoler. “La pantalla del Algiz XRW es perfecta, aún en la luz solar directa. La pantalla táctil hizo su trabajo a la perfección, ¡lo cual es verdaderamente importante y apreciable cuando llevas puestos tres guantes juntos! No hubo nada que funcionara mal ni dejara de operar en absoluto.

El frío extremo del Ártico es el desafío más importante para la tecnología, ya que impacta en la vida útil de la batería. De noche, Le Tressoler y Cabon guardaban varias baterías en sus sacos de dormir para mantenerlas protegidas del frío, pero aún así la mayoría de los dispositivos fallan apenas unos minutos después de usarlos, excepto uno: el Algiz XRW. “¡No lo podía creer; esas baterías son eternas!", dice Le Tressoler.

El equipo conformado por estos dos hombres utilizó el Algiz XRW para cumplir con todos los requerimientos informáticos y de almacenamiento de datos  basado en ordenador durante todo el tiempo que duró la expedición. Mediante el uso de esta tecnología, conjuntamente con un teléfono satelital, ellos pudieron descargar al ordenador datos y fotos científicas y enviarlos a los científicos del laboratorio para obtener rápidamente sus opiniones e instrucciones. También llevaron a cabo un exitoso programa educativo para las escuelas, y mantuvieron informados a los medios sociales, con fotos y videos incluidos.

En entornos hostiles e impredecibles, es especialmente importante poder confiar en la tecnología tanto para una investigación exitosa como para la seguridad. “El ordenador realizó todas las tareas que necesitamos, en todas las condiciones, y fue una clave importante para el éxito de la expedición. Pudimos confiar en el ordenador en un 200 por ciento”, dijo Le Tressoler.

Este ordenador, diseñado para operar en condiciones severas, pudo soportar todos los desafíos de uno de los climas más extremos de la Tierra, haciendo posible innovadoras exploraciones científicas. La tecnología continúa cambiando el planeta, y ayudándonos a aprender más sobre sus áreas más desafiantes.